Por Tomás I. González Pondal

Las mujeres conocen un tipo de depilación. Aquí hablaré de otro.

Destino esta lección aceleradísima principalmente para aquellas personas que necesitan “depilación definitiva” de ciertas ideas (bueno… se olfatea a quién va destinado). En razón de mi propósito, es probable que mi curso sea un rotundo fracaso por falta de la específica concurrencia indicada. Pero, como uno nunca sabe, emprendo por ellos mi objetivo.

¿Cuándo empieza? Ya empezó. Empezó al leer en el título la palabra ‘Curso’. Pronto, en breves líneas lo habrá concluido del todo. Tiene la total libertad de leerlo o no leerlo (libre). Al finalizar estará en posesión de la verdad (Seguro). Y no podrá decir que puso una sola moneda para hacerlo (Gratuito).

En una tapa se lee: “Feminismo para Jóvenas. Ahora que sí nos ven.” Aparecen dos dibujos de mujeres. Una, alta, con pelo color ‘Aceite Natura’ (amarillo y verde), mano izquierda alzada con puño cerrado (marxismo), ‘alambre de púa’ en su dentadura, vellos en las piernas y una suerte de plumero que le sale de la axila izquierda. La otra, más baja, con pelo formato lianas marrones, y pechos desnudos. Ambas con pañuelo verde. En la panza de una se lee la infaltable frase “mi cuerpo mi decisión”, y en la panza de la otra, la también infaltable expresión “vivas y libres”.

“Ahora que sí nos ven”, dicen. Es cierto, ¿cómo no verlas? Si son inconfundibles. Son las que deforman el lenguaje y por eso hablan mal. Por eso dicen “jovenas” en vez de jóvenes, sin advertir que tampoco hay “jovenos”. La expresión verbal es reflejo del desorden mental y signo de lo que anhelan. Por eso también en sus expresiones se refleja la guerra que codician vehementemente –siempre insisto en ello- entre mujeres y hombres. Se ve en eso que en ellas reina la violencia como principio de pensamiento y de acción, y cuánto mienten cuando se presentan como no violentas. Su ya famoso pañuelo verde es el signo de la extrema y macabra violencia que apoyan, la del asesinato del bebito por nacer; y por eso pretenden decidir sobre vidas ajenas y desean hacer con los demás (‘abortados los queremos’) lo que no harían con ellas. “Vivas nos queremos”. Autodemoledoras de su figura de mujer. A partir del feminismo aseguran la destrucción de su feminidad; él es una lepra destructiva de la estética femenina; es un virus que ataca la belleza, comenzando primeramente por arruinar la belleza mental. Perturbadoras sociales y destructivas. Quebrantadoras del sentido común. Blasfeman a Dios y a lo más sagrado por Él creado. Son la masa fantoche de los intereses ocultos (cada vez menos secretos) y de las organizaciones diabólicas adineradas que manejan el mundillo alocado y que, entre otras pretensiones, está el control de la natalidad. Van aniquilando prontamente la empatía. Fulminan la concordia. Contribuyen con su anuencia a los planes de una clase política masónica, decadente, ególatra y avara, y proclaman, junto con ellos, el gigante engaño de que el genocidio humano es un derecho, y que debe ser libre, seguro y gratuito.

Respecto a las pruebas del párrafo anterior, solo me resta decir: miren la realidad. Las evidencias aportan esas pruebas y me excusan de presentar otros expedientes para el cometido.

Listo. Acabó el curso. Habrá visto que consistió en “depilar” definitivamente pensamientos nefastos. Nada dije sobre los vellos en las piernas y los plumeros axilares; la economía en Argentina está que arde, y Macri parece “contribuir” con ella usando un lanzallamas. Las razones de guillette en lucha con los pelos pueden ser muy variadas, incluso económicas. Por eso, aunque los indicios pueden decir algo, no se trata de apariencias. Lo fundamental está en las evidencias.

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