Por Tomás I. González Pondal
Ahora tenemos que las bestias de pañuelo verde hicieron en la ciudad de Rafaela (Santa Fe, Argentina) una muestra teatral llamada ‘Dios’, en donde se dedicaron a blasfemar, tanto con expresiones físicas como verbalmente. Unas inmundas femihulkis desnudas, se atrevieron, entre otras cosas, a ridiculizar a la Santísima Virgen María colocándole su signo del asesinato: el pañuelo verde.
Hay que tener demasiado recortada la visión para creer que todo el movimiento contranatura (ideología de género, feminismo, aborto) es una cuestión meramente política. Ya hasta el cansancio hemos mostrado, por caso, cómo la masonería está acompañando a todo esto. Y cada vez con más frecuencia vemos cómo, las hordas femihulkicidas sanguinarias satánicas se ensañan con Dios, Cristo, la Virgen María, Iglesias y cosas sagradas. Es que la cuestión es sin rodeos: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama” (Mt. 12, 30). Es lo que San Agustín en el año 426 describió muy bien en su clásica obra La Ciudad de Dios, donde habla de dos ciudades: la que está al servició de satanás y la que está al servicio de Dios.

¡Grábenselo a fuego, blasfemos y abortistas: les gusta enrostrar casos de curas pedófilos y se llenan la boca hablando de eso. Pero ustedes promueven y practican lo que dicen condenar en vida ajena, sobre niños más niños y hasta acabar con ellos! ¡Puritanos e hiprocrecidas! ¡Ustedes no son pedófilos; ustedes son bebofilos! ¡Ustedes en lista variada que incluyen políticos, artistas, profesionales, actores, actrices, cantantes, con total impunidad, están promoviendo como algo bueno el abuso de niños intrauterinos y eso hasta terminar con sus vidas. Ustedes son los que en pensamiento macabro corrompen las sociedades sin distinción de edades, diciendo que meter pinzas por todo el cuerpo de un ser humano inocente (¡se llama aborto hipócritas!), cosa que implica abusarlo con una crueldad indescriptible, es algo permitido, lícito, un derecho, y, por tanto, un bien!

Hay quien ha dicho que la blasfemia perpetrada en Rafaela implicó “un agravio al espíritu religioso que no colabora con la pacificación anhelada de nuestra sociedad”. Son de esas declaraciones que preferiría no leer. La blasfemia implicó un ataque directo a Dios, un ataque directo a la amadísima Virgen María; un ataque directo al catolicismo. También la masonería enquistada en las altas esferas políticas y que pelea a brazo partido, por caso, para que ahora se imponga el reino de la muerte en Argentina, dirá que tiene espíritu religioso, solo que hago la aclaración que ella le ocultará: está re-ligada pero con Satanás. Y eso de la “pacificación anhelada de nuestra sociedad”: ¿Qué es? ¿La paz anhelada por la ONU? Es tan confusa la expresión, tan chirle, tan poco clara, tan para todo, que hasta cabe, haciendo un poco de lugar, reclamos de máximas perversiones. Sucede que: “La paz os dejo, mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da (Juan 14, 27).

La inmundicia del infierno goza de carta de ciudadanía en una sociedad donde abundan los perros mudos; donde hay quienes festejan el derramamiento de sangre inocente y ponen en escena, con total tranquilidad, el blasfemo teatro de Satán.

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