Por Tomás I. González Pondal

Que un diario informe sobre una muerte utilizando un título que diga: “Una pareja mató a su hijo de 4 meses”, es demasiado aleccionador. Desde luego que se refiere a un hijo ya nacido, y desde luego que no distingue entre “cuatro meses de vida” y “cuatro meses de nacido”. Porque también se puede matar a un hijo con cuatro meses de vida, o sea, que curse su cuarto mes de gestación. Esto último a varias personas no les interesa. Mi vida no empieza en mi nacimiento, empezó varios meses antes. De modo que la edad real de usted, por ejemplo, no es de cincuenta años en caso de que los tenga, sino de cincuenta años y unos nueve meses de vida. El ‘Feliz Cumpleaños’, además de servir para que uno tenga un día feliz (a todos se los deseo), hace un cálculo desde un nacimiento, pero no le está diciendo: “en un día como hoy comenzaste a tener vida”; solo le dice: “un día como hoy, se produjo tu nacimiento”.

Bien. Nos llega la noticia de que una pareja abusó sexualmente de su hijo de cuatro meses (contados desde su nacimiento, agrego), y lo mató. Según la autopsia, el bebito muere tras ser torturado y quemado. Los abusadores asesinos fueron arrestados.

Ahora, en el aborto por inyección salina, se sabe que el bebito muere torturado y quemado. En un aborto por legrado, muere completamente abusado, torturado y destrozado, y otro tanto ocurre en uno por succión.

El bebito de cuatro meses en gestación es tan bebito como el bebito de cuatro meses de vida, hablando en cuanto a su esencialidad, en cuanto que ambos son seres humanos, tan dignos de respeto uno como el otro. Uno se encuentra dentro de la panza materna alimentado por un cordón umbilical, el otro fuera, alimentado por los pechos maternos. Ambos dependen de la madre. Y algo fundamental: en ambos casos se trata de un hijo de mujer.

Y vivimos ahora la horrorosa y satánica locura, de que hay quienes proponen que la legalización del abuso y el asesinato es un derecho: pues el aborto es un abuso, que puede ser abuso sexual conforme al crecimiento alcanzado (las pinzas cortan por todos lados), y que siempre implica un asesinato. Entonces, conforme a la lógica macabra de los abortistas que bregan por la legalización del aborto, el abuso y matanza de cualquier hijo nacido también debería ser legal, y no deberían –tan hipócritamente como lo hacen- escandalizarse si esas aberraciones suceden, ni pedir medidas contra quien cometió los delitos.

Rainiero-Leon-Flores-Peru

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