Por Tomás I. González Pondal

El Dr. Abel Albino es uno de los médicos más entendidos a nivel mundial sobre la cuestión “desnutrición infantil”. Famoso y reconocido internacionalmente, hoy debe soportar nuevamente que en Argentina se lo esté desprestigiando de manera infame y torpe. En el 2015 también se trató a Abel de cavernario por oponerse al aborto, y salimos en su defensa publicando un artículo en el diario UNO de Mendoza (https://www.diariouno.com.ar/mundo-insolito/lecciones-las-cavernas-20151208-n60254.html). Ahora, una vez más, la razón de fondo por la que se lo zahiere injustamente es la misma: que está en contra del aborto. Las diatribas le llueven, incluso desde sus propios pares.

“Médico”, qué palabra, cuánto contenido. Si hay alguien en este país al que la palabra médico le cabe como anillo al dedo, es precisamente al Dr. Abel Albino. No solo es un profesional de la salud, sino que es una suerte de apóstol de la salud. Es de esas pocas personas cuya vocación le emana por todo su ser. Abel es un hombre de honor, y es ese honor el que le ha permitido siempre honrar a la medicina. Abel no viola juramentos, ni traiciona a la salud, ni juega a ser Dios, ni apoya el asesinato del ser humano en gestación. Otros sí: y otros que dicen ser médicos.

¿Pero qué pasó? ¿De qué se cuelgan ahora para fustigar al galeno honrado y de fama mundial? De que dio un discurso defendiendo al ser humano contra la maniobra abortiva, y en una parte hablando contra los preservativos sostuvo que “el virus del sida atraviesa la porcelana”. Entonces sucedió lo esperable: los enemigos de la vida humana en gestación se centraron en eso para ignorar todo lo demás, todo lo referente al aborto. Incluso, lo más triste, desde sectores que se dicen defensores de la vida humana del bebito intrauterino, se alzaron voces contra Albino, probando así cierto acuerdo con los favorecedores del aborto.

Pero vamos a exponer claramente algunas cuestiones que no se están diciendo. Debemos centrar las cosas. Preservativo inseguro o con escudo impenetrable de “criptonita”, el tema del aborto va más allá de ese asunto; no es reductible a quienes usan o no usan. El tema estriba sencillamente en que cualquier embarazo no puede ser eliminado intencionalmente por el hombre. No corramos la mirada de foco. En otras palabras: ¿puede una mujer abortar? No. Punto. La vida humana del nasciturs es inviolable, merece ser respetada por el hombre.

Amén de lo aclarado anteriormente, diré solo unas pocas palabras sobre “la porcelana penetrada por el virus”. Aun en el hipotético caso de que Abel se hubiera equivocado con esa información, quienes critican a la eminencia son unos cínicos. Porque la comparación era en relación al material del preservativo. De modo que buscan correr la mira desde el plástico a la porcelana, como si lo que se usase fueran protecciones de porcelana. En resumen, está reconocido científicamente que el material del preservativo, látex y poliuretano (¡ya sabemos que no es porcelana!), no es seguro contra el sida.

Lo de Abel me invita a dar rienda suelta al látigo contra la malicia de los hipócritas que quieren fustigar al doctor. Va entonces este párrafo con dedicación especial para los «hipocrecidas» con corazón de piedra, que me hacen sospechar -¡ahora sí!- que es más fácil que el virus del sida penetre un diamante a que la verdad penetre en sus mentes. Lo dicho por Abel, en el fondo, me prueba algo maravilloso, y es esto: que tenemos un grupo inescrupuloso que intenta demostrar gustoso toda su “sapiencia científica” sobre preservativos, pero escupen a los datos científicos cuando se trata de ver que en el seno materno hay una persona que no debe ser abortada. Tenemos a una pandilla que nos habla con lustre de erudición sobre rigorismo científico, al tiempo que hacen la vista gorda sobre el rigor científico que prueba que hay vida humana desde la concepción. Tenemos a una banda ruin que enseña a defender el látex y a despreciar el latido: para los tales, vale más un plástico que un corazón. El equipo de la patraña abortista es de lo más “académico” y “deslumbrante”: son capaces de saber sobre la vida del sida y su tamaño en micras (de menos a 0.03 micras), pero se hacen los desentendidos a la hora de reconocer humanidad al ser humano desde la concepción, mucho más grande que ese virus. Defienden al preservativo contra la penetración del VIH, pero apoyan con fervor la penetración de pinzas que destrozan a un bebito en el vientre materno. En resumen, las hordas de la muerte prueban lo siguiente: que al plástico descartable no quieren descartarlo, y al humano no descartable lo quieren descartar.

Tengo ganas de imaginar. Imaginaré entonces. Imagino al Dr. Albino imitando a Cristo. Lo veo al doctor delante de una mujer embarazada que está llorando, y frente a ellos veo a los abortistas con pinzas filosas en las manos, gritando: “abortá, abortá, abortá”. Y el galeno les dice a eso hipócritas: “Quien de ustedes tenga derecho sobre la vida y la muerte, clávese esas pinzas, mátese, y vuelva luego a vivir”. Y uno a uno se fueron retirando los hipócritas del aborto, porque ninguno se quiso matar, porque ninguno tampoco podría volver a vivir por su propia cuenta.

Caín mató a Abel, y hoy los caines del aborto quieren matar en el vientre materno a miles y miles de «abeles». Quieren matar también la verdad de Abel Albino, y la verdad de quienes como él defendemos la vida. La escritura dice: “Caín se levantó contra su hermano Abel y lo Mató. Entonces Yahvé preguntó a Caín: ¿Dónde Está tu hermano Abel? Y Respondió: No sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano? Entonces Yahvé le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a Mí desde la tierra” (Gen. 4, 8-10). Los hipócritas caines actuales repiten lo mismo: “¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?”. Sabemos que no les interesa ser el guarda del más indefenso, y sabemos que se han vuelto los guardas del látex.

El bien y el mal correrán enfrentados hasta el fin de los tiempos. Por eso la verdad escandaliza a los malvados, y la maldad escandaliza a los que luchan por el bien.

Querido Abel: “Bienaventurados aquéllos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos” (Mt. 5, 3-12).

Rainiero-Leon-Flores-Peru-2

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